22. may., 2016

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RELATIVIZAR

Relativizar,  el secreto para encontrar la calma 

Con cierta perspectiva, los pequeños obstáculos dejarán de convertirse en un problema.

 

Hacer “zoom out” y alejarnos de un asunto que nos preocupa para verlo a vista de pájaro, desde la distancia, ayuda a solucionarlo de forma más racional.

Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”  Albert Einstein

 

Relativizar no significa  evitar un asunto importante o dejar de ocuparnos de un tema que merece toda nuestra atención.

Etimológicamente, esta palabra significa “poner en relación con otra cosa” es decir, evaluar tanto los golpes de suerte como los contratiempos en su justa medida.

Para realizar este ejercicio comparativo, hay que ampliar el foco y tomar cierta distancia, la necesaria para obtener una imagen de la realidad más completa. Ver las cosas con perspectiva es la mejor forma de dejar de preocuparnos por nimiedades y centrarnos en lo que sí nos importa.

 

Allanar el camino

Un ángulo diferente.- 

En su libro “El arte de no amargarse la vida”, el psicólogo Rafael Santandreu explica cómo conseguirlo: “Uno de los mejores criterios para saber si algo es “un poco malo” o “muy malo” es preguntarse: “¿En qué medida eso me impide hacer cosas valiosas en mi vida?

 

Un trabajo personal.-

Cada uno debe intentar relativizar sus propias preocupaciones. Nadie puede decirnos que nuestro problema es pequeño, a ese punto tenemos que llegar nosotros solos”, advierte Jenny Moix. Y para otorgar a los problemas la importancia relativa que tiene hace falta recapacitar: “¿Es o no es para tanto?

 

A la raíz del problema.-

Una misma situación puede ser calificada de complicada o de sencilla por diferentes personas. Esta contradicción pone de manifiesto, tal y como recuerda Moix, que “Las cosas no vienen con la importancia incorporada, somos nosotros los que les damos o no la importancia”. Aunque no seamos plenamente conscientes, “el peso de las preocupaciones está muy ligado a los miedos”. Extraído del libro “La felicidad flexible”

No parar de dar vueltas a un comentario desafortunado que nos ha hecho un compañero de trabajo, por ejemplo, puede denotar cierto miedo a perder respeto en el entorno laboral. Si dejamos de temer esa pérdida de prestigio, relativizando su importancia, esa salida de tono perderá fuerza por sí sola.

¿Has conocido a alguien y te obsesiona la idea de que la relación se acabe? El miedo a volver a estar solo o a no ser “lo suficiente” para la otra persona podría estar alimentando esa inquietud.

 

Toma las riendas.-

Es más fácil relativizar cuando no nos identificamos con las circunstancias del momento. Si nos situamos a cierta distancia de lo que sucede, mantendremos una consciencia más clara y un juicio más certero.

“Los hombres olvidan siempre que la felicidad es una disposición de la mente –advertía el filósofo John Locke- y no una condición de las circunstancias”

“Cuando cambias el modo en que ves las cosas, las cosas que ves cambian también”   Wayne W. Dyer.

 

RECUPERA TU ENERGÍA VITAL

Preocuparnos un exceso por una situación sin hacer nada por cambiarla, agota nuestras limitadas reservas de energía. “Un día de preocupación es más agotador que un día de trabajo”  John Lubbock

Pasa a la Acción.-  “El mejor antídoto para la preocupación es la acción”  Wayne W. Dyer en su libro “Tus zonas erróneas”. Cuándo algo les inquieta, las personas activas y positivas, tienen la necesidad de moverse en busca de soluciones.

 

Céntrate en el presente.- “La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente”  Albert Camus.

Instalarse en el aquí y el ahora aleja la incertidumbre acerca de lo que pasará en el futuro. Eckhart Tolle, en su libro “El poder del ahora”, aconseja aceptar el presente como si lo hubiéramos elegido: “Trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado”